La luz de Alan Manuel

Por José Fernando Fernández.

Por estos días se exhibe en la Galería La Acacia de nuestra ciudad, la exposición personal del joven pintor Alan Manuel González, titulada «La luz del Mundo». La muestra nos permite apreciar una obra donde se mezcla el paisajismo, la figuración y profundas reflexiones conceptuales.

Piezas de enormes formatos elaboradas en acrílico sobre lienzo, conforman la muestra, donde cada una de las mismas la documentan sus títulos, que responden a versículos de diferentes libros bíblicos.

Es una obra con un marcado carácter religioso, pero como el mismo artista en entrevista a la revista Palabra Nueva ha declarado «obra digerible. No me interesa que sea demasiado elevada, que se vuelva hermética», agregaría también «La imagen no es una ilustración del texto, como tampoco el texto una descripción de la imagen. Se complementan ambas.»

La poética de Alan es sublime, armoniosa y espiritual. Su obra con diferentes niveles de interpretación es asequible a todos, capaz de provocar la más profunda reflexión acerca de la vasta cantidad de problemas que nos invita a compartir, es profundamente polisémica.

Uno de los aspectos mas interesantes de la muestra, es que todo se resuelve con objetos y paisajes, las metáforas que cada una representa van a llenar el vacío que podría dejar la ausencia de figuras humanas, praxis común en la pintura religiosa de todos los tiempos; ya Habey Echevarria Prado en su artículo » la luz del mundo», por estas mismas razones, la catalogaría de arte neoreligioso.

Dueño de una depurada técnica, Alan conoce muy bien como usar las luces y las sombras, siempre hay un efecto especial que provoca un impacto visual, mención aparte merece la composición barroca de las mismas.

La estética de Alan es clara, transparente al espectador, una obra narrativa que refleja los problemas espirituales más acuciantes del mundo contemporáneo. Aborda desde los sentimientos más universales como el amor, la amistad, la fidelidad, hasta problemas de hondo contenido social como la emigración. Estas preocupaciones no las aborda con un tono pesimista, ni apocalíptico, sino, todo el tiempo nos transmite un mensaje de amor y de paz.

En resumen creo que la creación del artista es intemporal, podría estar concebida en cualquier época y en cualquier lugar del mundo; los valores que evoca, y las claves que intenta descifrar, se enmarcan dentro de lo mejor del patrimonio del pensamiento universal.